Por: Diego Pastrana. Maestro de Educación Física y Cofundador de Didactio.
Los maestros de “Gimnasia” (Educación Física para los amigos) sabemos que ese término, aunque a veces se diga con cariño, suele esconder una idea un poco simplista de nuestro trabajo: que solo bajamos al patio a que los niños «corran un poco» para que luego suban cansados a clase.
Pero la realidad es que el patio es el laboratorio más honesto que existe en un colegio.
El patio: donde el currículo se hace carne
Ayer, mientras recogía el material tras una sesión de juegos cooperativos, me quedé observando a un alumno. En clase de lengua suele estar callado, escondido tras su libro. Sin embargo, en el patio, lo vi organizar a su equipo, consolar a un compañero que se había caído y proponer una estrategia para superar el reto.
En ese momento, yo no estaba enseñando «gimnasia». Estaba observando cómo se forjaba una trayectoria vital. Estaba viendo autonomía, resiliencia y empatía.
El problema vino después. Al subir a la sala de profesores, me encontré con la pantalla: descriptores operativos de la LOMLOE, niveles de desempeño, criterios de evaluación transversales… De repente, esa conexión humana que acababa de presenciar se convirtió en un código alfanumérico en una tabla de Excel.
La paradoja de ser un «maestro administrativo»
A veces siento que el sistema nos quiere convertir en gestores de datos en lugar de guías de aprendizaje. Dedicamos entre 6 y 10 horas semanales de nuestro tiempo personal a rellenar registros que, muchas veces, nadie lee. Como docente de EF, me duele especialmente, porque cada minuto que paso peleándome con una plataforma oficial que no funciona, es un minuto que le quito a la observación real de mis alumnos. Esos 11 minutos de calidad por niño que perdemos al día son el «impuesto» que pagamos por una administración hiper-regulada.
Una reflexión para el final del día
Ser maestro de EF es un privilegio porque vemos al niño en su estado más puro. Somos diseñadores de su futuro motriz, sí, pero sobre todo de su futuro emocional. Pero para diseñar con alma, hay que tener la mente despejada.
A veces, mientras guardo los balones y cierro el gimnasio, me quedo pensando… ¿Ojalá hubiera una herramienta que entendiera que lo importante ocurre en el patio y no en el registro? Una plataforma que se «comiera» la burocracia por nosotros, que cumpliera con la ley sin robarnos la vida y que nos devolviera, simplemente, el tiempo para ser maestros. No para gestionar datos, sino para seguir diseñando vidas.
¿Y sabéis qué? Que esa herramienta ya es una realidad porque decidimos dejar de esperar y empezar a construir.
Didactio simplifica tu trabajo para que tú amplifiques tu impacto en el aula.



