Por: Diego Pastrana. Maestro y Cofundador de Didactio.

He pensado seriamente en empezar a coleccionar los «consejos» que recibo de gente que no pisa un aula desde los años noventa. Si lo hiciera, tendría material para escribir una enciclopedia de ciencia ficción, pero seguramente no me serviría para gestionar mi clase de mañana a las nueve. Lo que ocurre tras la puerta de un colegio es un ecosistema tan complejo que, a veces, parece que los de fuera y los de dentro hablamos idiomas distintos.

Como mi paciencia tiene un límite (y mi «cartón de bingo» de frases típicas ya está completo), hoy me he levantado con ganas de tachar las 5 mentiras más grandes que nos intentan vender sobre nuestra profesión:

1. «El horario de 9 a 14 es el sueño de cualquier trabajador»

Esta es la mentira que más rápido se desmonta cuando ves a un docente cargando con el portátil un domingo por la tarde. El timbre de las dos no es un final, es solo el entreacto. Lo que nadie ve son las tutorías invisibles, las reuniones de ciclo que se alargan y ese «runrún» mental de cómo ayudar a ese alumno que se ha quedado atrás. Los datos no mienten: regalamos tiempo de nuestra vida personal a la administración. Julio no es un retiro espiritual; es el mes donde intentamos digerir toda la formación y el papeleo que el curso no nos dejó procesar.

2. «Si tienes vocación, el resto no importa»

Nos han vendido que la vocación es una especie de escudo de vibranium. La vocación es lo que nos hace madrugar con ganas, pero no puede ser el cheque en blanco para que el sistema nos pida ser administrativos, informáticos y psicólogos a la vez. Estar agotado no es ser menos maestro; es ser un humano atrapado en una maquinaria burocrática.

3. «Hoy en día, con los libros y los vídeos, la clase se da sola»

Si fuera así, Google ya nos habría sustituido. Ser docente hoy es un ejercicio de equilibrio constante: gestionar 25 realidades socioeconómicas distintas, mediar en conflictos que vienen de las redes sociales y adaptar cada coma para que la inclusión sea real y no solo una palabra bonita en un documento. El aula es un «directo» sin red, y la preparación que hay detrás es lo que evita que todo se desmorone.

4. «La LOMLOE es un cambio de nombre para que todo siga igual»

Ojalá fuera tan inofensivo. La realidad es que nos han metido en una arquitectura técnica de descriptores y competencias que ha hecho que la mayoría de nosotros se sienta perdido en un mar de siglas. No es solo semántica; es un laberinto normativo que, si no tienes la brújula adecuada, te acaba robando el tiempo que deberías pasar mirando a los ojos a tus alumnos.

5. «Evaluar es poner una nota al final del trimestre»

Esta es la mentira que más nos duele a los que creemos en la pedagogía. Nos han convencido de que evaluar es «rellenar celdas de colores». Pero evaluar de verdad es capturar el momento en que a un alumno le brillan los ojos porque ha entendido algo. El drama es que el sistema nos pide tantas evidencias y registros que pasamos más tiempo justificando el número que celebrando el progreso.

Una confesión entre compañeros:

Después de años tachando estas mentiras en mi «bingo» particular y peleándome con plataformas que parecen diseñadas por alguien que nunca ha tenido que calmar a 25 niños un día de lluvia, decidí que ya bastaba..

Por eso decidimos que si el sistema no nos daba aire, tendríamos que fabricar nosotros el ventilador.

Didactio nació para mandar a la papelera, sobre todo, la mentira número 5. Queríamos una herramienta que hiciera el trabajo de oficina por nosotros, que hablara el idioma de la ley para que nosotros podamos seguir hablando el idioma de nuestros alumnos.

Porque cuando dejas de comprar las mentiras del sistema, es cuando realmente empiezas a transformarlo. ¿Te vienes a la zona de los que preferimos enseñar a registrar?